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CUENTO
Cielo Azul
Recuerdo que me levanté completamente agitado y podía sentir un gran temblor que sacudía la penumbra que presionaba mi piel. Era el miedo, y entonces la pesadilla que viví en sueños se volvió borrosa y distante, lejana. Lo único que vino corriendo hacia mí fue la sensación de preocupación por mi madre, porque sólo en los sueños las sensaciones más sinceras se agudizan.
“Hijo mío”. Era lo único que hacía eco en mi cabeza. Sólo eso, sin forma y como si fuera un recuerdo muerto.
Era casi media noche, y la sensación de movimiento era lo único que me mantenía unido a la vida, mientras miraba borrosas y alargadas ventanas empañadas del intenso frío.
Me paré frente a la puerta y miré alrededor. Silencio y nada más. Las casas se habían alargado más y eran negras, como sombras bajo la luna con hoyos transparentes. Quizá fue el miedo, porque algo me hizo retroceder sin que yo pudiera evitarlo, y entonces se me acercó una figura sin forma.
-Hijo mío-escuché que decía la silueta. -Madre-dije cuando emergió su rostro.
Era pálido, quizá coloreado por la luz blanca de la luna.
“Pasa hijo mío”. Así sonó, como si yo hubiera recordado su voz, lejana y sin tono. Como si fuera sólo un recuerdo.
Y ahí me encontraba ya, junto a mi madre. Pero nunca supe qué decirle. El cuarto estaba casi en completa penumbra, y lo único que me permitía ver de manera difusa era la luz de una vela languideciendo, a pesar de que nunca vi aquella vela. Y mi madre estaba frente a mí, derrumbada en su sillón, y yo frente a ella, sin saber qué decir. Entonces el silencio me empezó a incomodar, y por fin decidí abrazar a mi madre, y no quise soltarla, porque mi piel sintió su calor. Y cuando empecé a cerrar mis ojos, escuché gritos envueltos en llanto, y comencé a asustarme.
-Madre, oigo que lloran allá afuera. -Yo no oigo a nadie, hijo mío.
Entonces mi madre se levantó y se diluyó en el aire, y decidí sentarme en su sillón, porque sentí el calor del sillón envolverme, y sentí que mis párpados se me venían abajo sin poder evitarlo, y quizá sin querer evitarlo, como si ahora fueran más pesados. Todavía logré percibir los golpecitos de una ventana, y al poco rato, me di cuenta de que estaba en un sueño lúcido, y sentí como si las paredes que había en mi sueño se extendieran sobre las que había antes de dormirme, como si se mezclaran como se mezclan las pinturas de distintos colores. Miré de reojo que algo se movió a mi lado, pero sentí que se movía frente a mí, cerca de la puerta. Y supe que era mi madre.
-¡Madre...! , ¿a dónde vas tan tarde?- sentí que le decía. -Afuera hijo.
Abrió la puerta, y su cuerpo se deshizo sobre la pared de la nada, al mismo tiempo que salía como si estuviera corriendo pero sin mover una sola parte de su cuerpo. Se había vuelto transparente, como si fuera un fantasma, y sentí que algo decía afuera, y un profundo y lejano eco le respondió “Madre”. Pero no pensé en nada. Caminé un poco en mi sueño, y me voví a sentar en el sillón de mi madre, y en la quietud de su calor, observé una foto frente a mí que se había incrustado en la sepultura de este cuarto, y miré una lágrima deslizarse sobre la figura sin rostro, y cuando cayó, cayó en mis ropas. Primero fue una,luego otra, otra, y otra, hasta que sentí que la tristeza me ahogó entero, y fue ahí cuando supe que eran mis lágrimas, cuando mis sensaciones se ahogaron dentro, cada una de ellas, y el hilo de conciencia se alejó conmigo, hasta que solamente me dejé arrastrar, y dejé de sentir. No sentí nada más que la sensación de mi ausencia cuando volví a estar consciente, y al intentar mirar nuevamente la imagen frente a mí, comencé a mirar un pedazo de cielo azul flotando ahí.
-Madre. El día es muy hermoso, pero aquí está obscuro y hace mucho frío. ¿Por qué no abres las ventanas? -Nunca he podido abrirlas, hijo mío-escuché que me decía su voz, a pesar de que ya no la veía.
Miré ramos de flores de cempasúchil alrededor, y el olor a incienso y tierra mojada se hacían más intensos. Miré al viento soplar, y miré las hojas de los árboles tambalearse, con aves volando alto, muy alto. El dolor se volvió más pesado aún, hasta que no soporté y caí al piso, fragmentado entre la tierra mojada.
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martes, 20 de julio de 2010
Un cuentito malito :D dedicado al buen juan rulfo...
Un "escrito" que se me ocurrió hace unos meses...; en realidad, aunque me gusta leer, definitivamente está muy lejos de lo que más me gusta. Sin embargo, la novela pedro páramo fue un parteaguas en mi vida, así que dedico este "escrito" al genio mexicano juan rulfo...(el escrito es bastante malo, pero lo importante es la intención)
Prólogo por Juan Rulfo.
Pinche cuento culero.
Juan Rulfo
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